¿Qué es el populismo?

En esta entrada, quiero recomendar un libro que leí hace muy poco y que me ha dado una visión de la democracia nueva para mí, aunque el libro ya tiene unos años. Se llama “La contrademocracia”, el autor es Pierre Rosanvallon, profesor del Collège de France de Paris, y es del año 2006. En él, Pierre Rosanvallon explica que la práctica de la democracia no se limita a las elecciones, sino que tiene otras caras que completan a los procesos electorales, y que justamente desafían a la democracia electoral y representativa.

La razón para hablar de este libro es que Pierre Rosanvallon habla en él de “deformaciones” de esta contrademocracia y que se encuentran en el populismo. Uno de los objetivos de este blog es desenmascarar al populismo de derechas y desmontar sus argumentos. Lo que dice Pierre Rosanvallon ayuda muy bien a identificar la manera de pensar y de argumentar populista, contra la que hay que estar en guardia. Por eso, lo comentaré aquí.

¿Qué es la contrademocracia?

Desde los inicios de la democracia moderna, se ha considerado que el simple hecho de ir a votar una vez cada cierto tiempo era insuficiente, y se han buscado otras maneras de completar y reforzar la conexión entre los electores y los representantes políticos a los que eligen. Se ha querido así evitar una degradación de la representación, un debilitamiento de esa conexión entre electores y representantes, para asegurar que los representantes recuerden siempre que se deben a la voluntad de los electores.

Pierre Rosanvallon estudia en su libro una de estas maneras de completar la democracia, a la que él llama “contrademocracia”. Este nombre no quiere decir que la idea de la contrademocracia esté en contra de la democracia. Quiere decir que se trata de una forma “negativa” de democracia, que intenta controlar y desafiar a los representantes políticos para que no hagan ciertas cosas, en lugar de tratar de impulsarlos para que actúen de determinada manera. Pierre Rosanvallon describe  tres dimensiones de la contrademocracia, que permiten entender bien qué es:

-La vigilancia: Los representantes políticos están respaldados por el hecho de haber sido elegidos en unas elecciones. Pero al someter su actuación a la vigilancia, la denuncia y la calificación (las tres formas de vigilancia que distingue Rosanvallon), la sociedad añade otras condiciones: además de haber sido elegido, el representante político tiene que mantener su reputación y su prestigio, no debe cometer errores ni olvidarse de la reacción de la sociedad a sus actuaciones. Al estar constantemente vigilado y evaluado, el representante político no puede ser libre de hacer lo que le parezca hasta las próximas elecciones, porque tiene a los ojos de la sociedad constantemente mirando lo que hace, poniéndole nota y denunciando sus actuaciones.

-La sanción y el bloqueo: A pesar de que los representantes políticos elegidos se deben a la voluntad de los electores, es más fácil impedirles que realicen las propuestas contrarias a lo que quiere la gente, que obligarlos a que hagan lo que la gente quiere. El bloqueo, además, produce resultados fácilmente visibles y comprobables; por ejemplo: no se ha aprobado una ley que había propuesto el parlamento, o no se ha construido una carretera que el gobierno quería hacer. Sin embargo, comprobar los resultados de la acción es a veces más difícil. Por ejemplo, cuando se aprueba una ley que cumple solo a medias con el programa y con los deseos de los electores. En ese caso, ¿se ha cumplido, o no? Y cuando una promesa electoral no se lleva a cabo por razones que el gobierno no podía controlar, ¿se ha cumplido, o no? O cuando lo prometido se ha cumplido de otra manera porque ha habido que pactarlo con otros grupos políticos (por ejemplo: un gobierno promete bajar los impuestos un 20%, pero no tiene mayoría y, al tener que pactar, la bajada se queda en un 10%). Por eso, además, la eficacia de la acción de bloqueo se puede medir más fácilmente que la eficacia de la acción de impulso. Es difícil saber hasta qué punto una ley se ha aprobado a causa de la presión que ha hecho la sociedad. También es más fácil en política organizar alianzas en contra de algo, que a favor. Así, el bloqueo de la acción política se convierte en una manera de ejercer la soberanía que se añade al mandato que se da a los representantes políticos en las elecciones, y que puede ser muy poderoso. Rosanvallon plantea que una variable definitoria de los sistemas políticos son precisamente las condiciones y las personas u organizaciones que pueden bloquear la acción política. Los representantes políticos tienen que contar por lo tanto con las posibilidades que tienen otros (no solo los partidos de la oposición, sino también las organizaciones de la sociedad) de bloquear sus iniciativas o de hacerlas fracasar.

-El juicio: La tercera dimensión de la contra-democracia está en la judicialización. Cada vez más, los procesos judiciales se convierten en instrumentos para obligar a los representantes políticos a cumplir lo que habían prometido y para pedirles cuentas por su actuación. Al igual que ocurre con el bloqueo, el juicio produce resultados más claros, porque pone a los representantes políticos delante de un tribunal que lleva a cabo un proceso de acuerdo con determinadas reglas y que decide si han actuado correctamente o no.

Rosanvallon dice que estas formas de ejercer la soberanía son indirectas, ya que no están institucionalzadas en el sistema político (aunque sí existan instituciones para llevarlas a cabo). Consisten más en sus efectos que en una autoridad formal o en decisiones explícitas. Rosanvallon defiende que hay que entender la democracia electoral y representativa en conjunto con esta contrademocracia para poder comprender la apropiación social del poder. Él prefiere hablar de una actividad democrática que tiene distintas formas.

La tentación populista

Rosanvallon se ocupa brevemente en el libro del populismo, porque piensa que se lo puede definir de manera más precisa a partir de su propuesta de la contrademocracia. Primero, habla de una característica muy importante del populismo, que me interesa mucho resaltar aquí.

Una de las principales dificultades de la democracia representativa es definir al pueblo. Se supone que en una democracia, el poder político proviene del pueblo, y que, en una democracia representativa, el pueblo delega el ejercicio de ese poder en los representantes que elige. Esto lo podemos ver claramente en los artículos 1.2, 23.1 y 66.1 de la Constitución. Pero en la ciencia y la filosofía política, siempre ha existido las preguntas: ¿qué es el pueblo? Y también: ¿es posible representar al pueblo y a su voluntad?

Según Rosanvallon, el populismo pretende resolver las dificultades de definir al “pueblo” recurriendo a una unidad y homogeneidad imaginarias, distanciándose de aquello que supuestamente se le opone: el extranjero, el enemigo, la oligarquía, las élites. Acusa y denuncia a estos grupos, que son según ellos exteriores al “pueblo”, y a la vez, fantasea con un un pueblo sano y homogéneo, sin divisiones, en el que todos están de acuerdo y quieren lo mismo. Esto es muy importante. Cuando se habla de partidos populistas, hay que comprobar si parten o no de esta idea sobre el pueblo, que es la que encierra más peligro porque es la que justifica la exclusión de determinados grupos de personas.

Sin embargo Rosanvallon opina que hay que definir al populismo con más precisión, porque esta idea del pueblo la comparte con otros modelos políticas distintas. Para él, el populismo es ante todo un giro perverso de los ideales y procesos de la democracia. Lo presenta como como patología específica de la contrademocracia, porque radicaliza, lleva hasta el extremo y hace perder su sentido a la democracia de vigilancia, la soberanía negativa y la política como juicio de las que hemos hablado antes. Para él, el populismo es el proyecto en el que la política se deja vampirizar completamente por la contrademocracia, la antipolítica pura. Veamos cómo radicaliza el populismo los tres elementos de la contrademocracia:

-La democracia de vigilancia: Se radicaliza para convertirse en estigmatización compulsiva y permanente de las autoridades, para presentarlas como un enemigo externo a la sociedad. La pasión por la denuncia tiene más la voluntad de destruir que de vigilar. Se trata de denunciar para desprestigiar al adversario, para atacarlo y acosarlo. La denuncia puede estar justificada o no, y se puede hacer con intención de mejorar la situación denunciada o no, pero se hace de una manera tan exagerada, hiriente y negativa, que su objetivo principal es más destruir que aportar algo positivo. Hemos tenido un ejemplo muy claro de esto en el debate que hubo en el Congreso hace unos días, en el que Vox utilizó un tono desaforado, calificado de racista por muchos grupos parlamentarios, para hablar sobre la inmigración. Vox no trataba de dar ninguna solución, sino de denunciar por denunciar.

-Soberanía de bloqueo: Al populismo no le interesa pelear sus batallas en la política de todos los días. Los populistas se dedican a hablar de la decadencia de la sociedad, a difundir un discurso negativo sobre el mundo, para presentarse como los salvadores en situaciones extremas o como los profetas de una gran catástrofe que se acerca. Se apoyan sobre “masas negativas”, en grupos sociales que no proponen ningún horizonte o ambición, sino que están mudos, desengañados y asqueados. El populismo no da a los grupos sociales las herramientas para plantear sus problemas públicamente ni para luchar por sus soluciones, sino que atiza su cólera para hacer más ruido. Aquí, de nuevo, podemos hablar de Vox y de sus actuaciones sobre la inmigración en Canarias, en las que ha intentado caldear el ambiente y presentar un panorama catastrófico. Esta manera de actuar no ha ayudado a las canarias y canarios a saber cómo gestionar mejor la situación migratoria.

-Pueblo-juez: El populismo utiliza el juicio para ridiculizar y criminalizar al poder. Lo más importante es la acusación, a la que presenta como la portadora y salvadora de la democracia: el valiente fiscal, o el valiente partido que ejerce la acusación contra el poder es el que de verdad lucha por el pueblo. El populismo no se preocupa de que la justicia sea distributiva e igualadora. La cuestión del estado del bienestar solo le interesa para denunciar a sus beneficiarios, a los que pone bajo sospecha. Solo quiere una justicia de represión, de sanción, de estigmatización, respecto a una serie de “parásitos” e “indeseables” y que sirve para “depurar” ese cuerpo social único y homogéneo que se imagina.  Aquí también podemos poner varios ejemplos de Vox y de las numerosas acciones judiciales que han presentado en muchos casos sin fundamento ninguno.

Rosanvallon termina diciendo que el éxito actual de los populismos se explica porque estamos en una época de crecimiento de las formas contrademocráticas. Quiero aclarar que un tema social importante y polémico no deja de ser importante porque hable de él un partido populista. Un partido populista puede tener razón en señalar y hacer visibles determinados problemas, y a veces, incluso lo hacen de manera razonable. Pero como hemos visto aquí, detrás de su interés aparente por ciertos temas importantes (inmigración, pobreza, corrupción), en realidad hay un interés puramente egoísta, de modelar la sociedad de acuerdo con su idea de pueblo homogéneo, puro e igualado, y de desprestigiar al adversario político. No hay que dejarse engañar. Quien solo sabe defender sus argumentos mediante la exageración, la mentira, la acusación falsa y la agitación del miedo, es que en realidad, ni tiene argumentos ni sabe de qué está hablando. Los ciudadanos y ciudadanas no deberíamos dar nunca la mayoría parlamentaria ni el gobierno a partidos así.

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