Reacciones a la inmigración en Canarias: entre la solidaridad y la agitación del miedo

Hace unas semanas, escribí sobre la situación legal de las personas que llegan a Canarias en las pateras. Las noticias que he leído últimamente me animan a fijarme ahora en las personas que viven en las islas Canarias y que han sido testigos de la situación, y también partícipes. Ahora no escribiré desde el punto de vista legal, ya que no creo que la situación de la que quiero hablar merezca ese tipo de análisis en primer lugar. En cambio, aprovecharé la ocasión para hablar de nuevo sobre el populismo.

La pregunta inicial para mí es: ¿por qué la reacción de la población canaria ha sido tan diferente, según los casos, ante el mismo fenómeno? En las noticias, hemos podido leer sobre vecinos y vecinas de Las Palmas de Gran Canaria que bajaron a la calle a ayudar a las personas que fueron sacadas del muelle de Arguineguín y enviadas en autobús a la capital por la alcaldesa de Mogán. También hemos leído los reportajes sobre los vecinos del pequeño pueblo de Órzola, en Lanzarote, que se echaron al agua para rescatar a los pasajeros de una patera naufragada en la noche. En contraste con estas actuaciones, hemos leído sobre protestas y manifestaciones de vecinos y vecinas de Mogán, y de otras localidades canarias, exigiendo el fin de una supuesta invasión por parte de inmigrantes africanos, expresando su miedo y su rechazo. El líder de Vox, Santiago Abascal, vio una oportunidad y estuvo en esas protestas, alentándolas.

Examinar las razones de estas reacciones tan diferentes es un ejercicio sociológico muy complejo, y yo carezco de los conocimientos y herramientas para hacer un análisis profundo. Sin embargo, creo que sí puedo apuntar, y tratar de poner en orden, algunos factores que se han mencionado en distintos reportajes que se han escrito. No se trata de juzgar a nadie, sino de tratar de entender, para poder saber mejor cómo actuar.

En primer lugar, la gestión de la intensa llegada de personas por vía irregular a Canarias ha dejado mucho que desear. En este programa, se puede escuchar la crítica de Arcadio Díaz Tejera, juez que visitó tres veces el muelle de Arguineguín y antiguo Defensor del Pueblo de Canarias. Él dice que la gestión del Gobierno fue muy mala, y que, si el Gobierno hubiese querido, lo habría hecho mejor. Para contrastar, se puede escuchar esta otra entrevista con la Secretaria de Estado de Migraciones, Hana Jalloul, quien dice, resumidamente, que el Gobierno hizo lo que pudo frente a una situación difícil de por sí y aún más enredada por la pandemia. Nos quedemos con una versión o con otra, el caso es que ha habido personas acogidas en condiciones infrahumanas, falta de recursos de acogida, descoordinación, decisiones polémicas y personas abandonadas a su suerte. También ha habido una gran concentración de personas inmigrantes en un único lugar, lo cual ha podido agrandar el fenómeno migratorio en la percepción de mucha gente. La falta de control y de recursos puede muy bien haber creado sentimientos de inseguridad y de desconfianza. Aquí hay que incluir la incertidumbre sobre los traslados de migrantes a la Península y sobre el número de personas que todavía puede llegar a Canarias. Estos dos interrogantes pueden llevar a cualquiera a preguntarse cuántos inmigrantes más se podrían concentrar en Canarias en el futuro.

En segundo lugar, hay que mencionar la pandemia, claro está. Si ya vimos en los meses pasados reacciones de carácter xenófobo y racista referidas a personas procedentes de China (o percibidas como tales), e incluso el brutal rechazo, con pedradas incluidas, al traslado de personas mayores de una residencia a otra, no es extraño que ahora, una parte de la población canaria se haya preguntado si los inmigrantes vienen o no infectados, y si no pueden difundir el virus en sus pueblos y ciudades. Es un factor más que se añade al miedo y la inseguridad, si bien las autoridades no se han cansado de repetir que el retraso en la gestión se ha debido a la realización de pruebas PCR a todas las personas que llegaban.

En tercer lugar, están las consecuencias económicas y sociales de la pandemia. Ya hemos oído muchas veces cómo el sector del turismo ha sufrido grandes pérdidas por las prohibiciones de viajes, o por las condiciones sanitarias. Las islas Canarias basan gran parte de su economía en el turismo. Siendo ya una de las Comunidades Autónomas más pobres de España, la crisis económica del coronavirus las ha afectado todavía más por esa dependencia del turismo. En los reportajes, podemos leer sobre gente que se encuentra en una situación económica muy precaria, angustiada por sus propias condiciones de vida, y deseando que las islas vuelvan a ser un destino turístico atractivo.

En estas condiciones, la verdad es que la acogida de brazos abiertos y la solidaridad tienen malas cartas de por sí. Pero todavía peores si añadimos los muchos bulos y mentiras que se han lanzado, y que se han desmentido, pero que parecen haber tenido algún efecto en las opiniones de personas que ya se sentían inseguras y poco apoyadas por las autoridades públicas en un momento económico muy angustioso.

En una situación así, la responsabilidad de los líderes y representantes políticos es fundamental. Sin embargo, Vox no ha perdido la ocasión para empeorar las cosas. Si los políticos se dedican a agitar miedos, hablando de una invasión, difundiendo mentiras y aprovechándose de la desesperación de una parte de la población, entonces el pensamiento llegará muy rápido a ideas racistas y xenófobas. Vox afirma que no está en contra de los inmigrantes a la vez que los culpa, directa o indirectamente, de la ausencia de turistas; que sugiere que nos pretenden invadir, o que no se trata de personas en situación de necesidad, sino de jóvenes sanos y pudientes. No se puede sostener que uno no es racista mientras sugiere que la Marina bloquee el archipiélago canario y deje que las pateras naufraguen y la gente se ahogue en el mar. No hay que caer en estas trampas. Por desesperado que esté uno mismo, por terrible que sea su situación económica, por poca ayuda que haya recibido, no se puede participar en la mentira, en la agitación del miedo ni en la marginación del diferente. No hay que estar de acuerdo con la actuación del Gobierno, ni tampoco hay obligación de ayudar a los migrantes, pero no se puede caer en el juego de los que manipulan y agitan para obtener su propio beneficio electoral.

Se han escuchado expresiones de rechazo a los inmigrantes muy preocupantes. Sin embargo, en mi opinión, no ganamos nada tachando de racistas o de xenófobas a las personas que las pronuncian. En primer lugar, en todo debate es conveniente evitar los ataques personales. Es mejor decirle a una persona que eso que ha dicho suena racista, que llamarla racista a ella misma. Pero antes de pasar a eso, para mí es mucho más productivo preguntar: ¿por qué has dicho eso? ¿Por qué rechazas a los inmigrantes? ¿De qué tienes miedo? Así, comprenderíamos mejor lo que ocurre y lo que la gente piensa de manera racional, y podríamos aproximarnos mejor a las soluciones. Con la gente de los pueblos de Canarias, yo evitaría hasta el final el uso del adjetivo “racista”. Pero con Vox, con esos políticos de Vox que viven en Madrid, están económicamente más que bien asegurados y no han visto un migrante en su vida, hay que llamar a las cosas por lo que son.

Escuchar lo que dicen las personas que han protestado, más allá del rechazo a nivel moral que nos pueda producir, nos permite ver que el racismo es sólo una parte de la explicación, que ni mucho menos afecta a todas las personas. Al mismo tiempo, hemos de ser conscientes de la posición desde la que nosotras mismas hablamos. La mía es una de privilegio. No he perdido mi trabajo ni disminuido mis ingresos durante la crisis del coronavirus, y vivo en una región muy rica que no se ha enfrentado nunca a una situación migratoria como la que hay ahora mismo en Canarias. También tengo alguna experiencia tratando con personas migrantes que me dice que no hay que tenerles miedo, pero no todo el mundo tiene esa experiencia. Por eso, no puedo esperar que todo el mundo vea las cosas como yo. A mí, personalmente, me resulta difícil pedirle a alguien que se encuentra en una situación económica angustiosa que, en medio de la mala gestión, la falta de información, la incertidumbre y el miedo a la pandemia, reaccione de manera sosegada y anteponga la desesperación de otros a la suya propia. Ha habido muchos canarios y canarias que sí han hecho este ejercicio y han actuado con solidaridad y humanidad, pero otros, no. No se trata de juzgar a nadie, pero creo que sí se puede pedir una mirada para la gente que está peor que uno mismo (y no creo que hubiera en Canarias muchas personas que, objetivamente, estuviesen peor que los inmigrantes del muelle de Arguineguín), y el esfuerzo de contrastar la información y no creerse los bulos y mentiras.

Finalmente, no quiero dejar de señalar una última diferencia fundamental entre las actitudes que hemos visto en Canarias. Mientras unas hacen y actúan, ayudando a las personas migrantes e incluso rescatándolas, otras se limitan a protestar. La protesta es, evidentemente, un componente muy importante de toda sociedad democrática, pero no es incompatible con la acción. Se puede portestar y ayudar, si es que se piensa que ayudar es necesario. Tampoco cabe duda de que actuar, hacer, es mucho más constructivo que simplemente protestar y oponerse. Fijémonos bien en esto. Vox agita, remueve y atiza, pero no hace ni actúa. Sus propuestas son absurdas. El bloqueo naval que pedían fue rechazado por el propio Jefe del Estado Mayor de la Armada. El presidente de la Confederación Canaria de Empresarios y una catedrática de economía de la Universidad de Las Palmas han aclarado que la caída del turismo se debe al coronavirus, no a la inmigración. Los callos están en las manos de los vecinos y vecinas de Canarias que han ayudado a las personas necesitadas, y no en las de Santiago Abascal, que las tiene finas como las de un cura. Hay que decirlo una vez más: Vox no es la solución. El Gobierno ha actuado muy mal en Canarias, pero Vox no ha demostrado en lo más mínimo saber cómo se gestiona una situación así de manera realista. Predican mucho, soliviantan mucho, pero hacen muy poco. En cambio, lo que necesitan las canarias y canarios y las personas migrantes, es gente que sepa y que haga.

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