Vox en la Asamblea de Madrid: ¿Cómo combatir el racismo y la xenofobia?

Rocío Monasterio ha vuelto a protagonizar una escena lamentable en la Asamblea de Madrid, en la sesión de investidura de Isabel Díaz Ayuso. En ella, se han vuelto a manifestar las malas artes retóricas y parlamentarias de la extrema derecha, y sobre todo, su desprecio por las personas que no son como ellos. La bancada de la izquierda respondió, hubo jaleo, el diputado aludido pidió a Rocío Monasterio que retirase sus palabras y la presidenta de la Asamblea se metió en un jardín cuando recomendó a Rocío Monasterio que lo hiciera. El resultado es que las palabras de la dirigente de Vox han acaparado muchísima antención, más que las de la oposición. En esta entrada, quiero reflexionar sobre cuál es la manera más eficaz de responder a declaraciones como las que hizo Rocío Monasterio. Como ya he dicho en alguna otra entrada, estamos todavía (por desgracia) intentando salir de la estupefacción y encontrar las tácticas que nos permitan ganar el terreno perdido. Con la intención de contribuir a esa búsqueda, y sin pretender tener yo todas las claves ni saber cuál es la solución, escribo este artículo.

¿Qué ocurrió?

Durante su discurso en la sesión de investidura, Rocío Monasterio habló sobre el diputado de Podemos Serigne Mbayé, senegalés y español. Dijo que el problema que tiene Vox con él no es que sea “blanco o negro, alto o bajo”, sino el hecho de que hubiera entrado de manera “ilegal” en el país, “saltándose la cola” y perjudicando a todos los inmigrantes que trataban de entrar en España cumpliendo con los requisitos legales. Además, también tienen un problema en Vox con el hecho de que Mbayé se hubiera dedicado por un tiempo a la venta ilegal de artículos varios como mantero. Frente a esto, Mbayé pidió a Rocío Monasterio que retirase sus palabras “racistas” y le recordó que el racismo no tiene lugar en España. La presidenta de la Asamblea preguntó a Rocío Monasterio si quería retirar sus palabras. Ella dijo que no, y entonces la presidenta de la Asamblea la invitó a que lo hiciera. Y Rocío Monasterio tuvo entonces la ocasión de presentarse como víctima de censura y también de “hacerse la loca”, pues pretendió no saber qué palabras exactamente le estaban pidiendo que retirase. Estaba muy claro cuáles eran, y así se lo dijo la presidenta de la Asamblea: las que había pronunciado sobre Serigne Mbayé, mentándolo por su nombre. Sin embargo, la persistencia de Rocío Monasterio en su sorpresa e ignorancia de las palabras que tenía que retirar descolocó a la presidenta de la Asamblea, que no salió airosa de la situación. En realidad, ella misma se metió en un callejón sin salida, puesto que no es su papel recomendar a los parlamentarios que retiren sus palabras o las mantengan, por muy loable que fuera su intervención en esta concreta situación. Después, la tensión continuó y las protestas del grupo de Podemos también, hasta que una de sus diputadas fue expulsada de la sesión, e Isabel Díaz Ayuso dijo sentirse abochornada por el trato que habían dado a Rocío Monasterio.

¿De qué otra forma se podría haber reaccionado?

Me parece importante reflexionar sobre otras posibles maneras de reaccionar a las palabras de Rocío Monasterio. Lo creo porque pienso que la reacción que hubo en realidad tuvo muy poco éxito. Rocío Monasterio se reafirmó en sus declaraciones en una segunda intervención, se pudo presentar como víctima, Isabel Díaz Ayuso la apoyó y las bancadas de la izquierda no opusieron los argumentos de fondo que realmente respaldan su posición, además de acabar con una diputada expulsada.

No voy a entrar en la cuestión de si las palabras de Rocío Monasterio fueron racistas o no. No siendo un experto en racismo, ni habiéndolo sufrido yo mismo, no me siento autorizado para entrar en esa discusión. De ello habla mucho mejor el propio Serigne Mbayé, que ha padecido racismo durante mucho tiempo. Es verdad que las palabras de Rocío Monasterio se referían a las acciones de Serigne Mbayé y no a sus características personales, como ella misma dijo. Pero no se puede obviar que Rocío Monasterio no se dedicó a comentar la trayectoria personal de otros parlamentarios o parlamentarias, sino solamente la del único diputado con un color de piel diferente. Además, Rocío Monasterio demostró un enorme desconocimiento del racismo como fenómeno histórico. Dijo que a Vox no le importaba que Mbayé fuera “blanco o negro, alto o bajo”, como si lo uno y lo otro fueran lo mismo. El color de la piel, la procedencia geográfica y la pertenencia étnica han sido criterios por los que se ha discriminado y hecho sufrir a la gente en todo el mundo desde hace siglos, mientras que la estatura no lo es, o en mucho menor medida. Vivimos en un mundo en el que el color de piel, la etnia y el origen tienen una enorme carga y condicionan la vida de las personas. Sin embargo, para Rocío Monasterio, eso es igual que ser alto o bajo.

Por tanto, al margen de calificar las palabras de Rocío Monasterio como racistas, ¿qué otras cosas se le podrían haber dicho? A mí se me ocurren las siguientes:

  1. Como observación general, a un debate de investidura se va para hablar del plan de gobierno de la candidata a la Presidencia del Gobierno, y no a hablar de la vida de los diputados y diputadas. Quien dedica sus intervenciones a esto, hace perder el tiempo a los demás y distrae del verdadero objetivo del debate, seguramente con objetivos poco nobles.
  2. Serigne Mbayé no cometió ningún delito ni ninguna infracción administrativa al entrar irregularmente, de acuerdo con la Ley de Extranjería. La infracción es la estancia irregular, pero no la entrada.
  3. Serigne Mbayé no se saltó ninguna cola porque no la hay. España no tiene un límite máximo de inmigrantes admitidos cada año, y a ninguno de los inmigrantes que solicitaron la entrada en el país mediante los cauces previstos en la legislación se le denegó la entrada por el hecho de que Mbayé hubiese entrado irregularmente. En la legislación de extranjería, la entrada o presencia irregular de otras personas extranjeras no se contempla como causa de denegación de un visado o de un permiso de residencia.
  4. En cuanto a la venta no autorizada de artículos, sabemos que si no hay demanda, no hay oferta, y la clase trabajadora a la que Vox quiere atraer hacia sí (solamente por sus votos, no para hacer políticas para ella) es la que compra a los manteros la imitación de lo que no puede comprar a las grandes marcas. Serigne Mbayé ni siquiera se dedicó a esta actividad durante todo el tiempo en que estuvo en situación irregular, sino que también tuvo otros trabajos como cuidador o en la construcción. En este caso, fueron sus empleadores quienes cometieron infracciones contempladas por el artículo 54 de la Ley de Extranjería.
  5. En todo caso, el ordenamiento jurídico español no parece haber tenido problemas ni con la entrada irregular, ni con la venta ilegal, puesto que ha concedido la nacionaldiad a Serigne Mbayé. El artículo 23 del Código Civil permite denegar la nacionalidad a extranjeros que hayan residido legalmente en España “por motivos razonados de orden público o interés nacional”. A Serigne Mbayé no se la denegaron. Así pues, el único reproche que Rocío Monasterio puede hacer es moral, pero no legal.
  6. Desde que pudo regularizar su situación administrativa, Mbayé no ha tenido ni un solo problema legal. Ha demostrado ser un ciudadano ejemplar. Esto demuestra que, si cometió irregularidades, fue por absoluta necesidad. Trató de subsanarlas cuanto antes, obteniendo su permiso de residencia por la vía del arraigo que establece el artículo 124 del Reglamento de Extranjería, y nunca más las volvió a cometer.
  7. Donde Rocío Monasterio solo ve a un inmigrante ilegal, en realidad lo que hay es una persona enormemente valiente, resistente y resiliente, que arriesgó su vida en el Atlántico para intentar una vida mejor. Es dudoso que Rocío Monasterio hubiese tenido el valor para hacer algo así. Serigne Mbayé era pescador, pero llegado un momento, no pudo vivir más de su oficio porque buques de pesca internacionales quitaron su sustento a los pescadores senegaleses. Hoy, Serigne Mbayé tiene un restaurante ecológico y ayuda a personas que lo necesitan. Su presencia en España es una ganancia neta.

Está claro que es más fácil pensar en argumentos cuando uno está sentado en su casa, delante del ordenador, y no viviendo en directo una situación muy tensa e hiriente en lo personal. No quiero hacer ningún reproche a los compañeros y compañeras de Mbayé que reaccionaron en aquel momento, pero creo que es importante reflexionar sobre la situación porque me parece que la bancada de izquierda no salió airosa de este trance. Espero haber contribuido con este artículo a la reflexión sobre reacciones más eficaces frente a la extrema derecha y de paso, haber ayudado a desmontar algunas de las mentiras de Rocío Monasterio.

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